Cuando me plantee escribir un artículo sobre tendencias del exteriorismo lo primero que pensé es ¿sabrán los lectores que es el exteriorismo? Cuando hace años en Arboretum empezamos a utilizar esta palabra, medio en broma medio en serio, en realidad no la habíamos escuchado antes.
Desde siempre he colaborado con arquitectos, decoradores e interioristas que me consultaban que podían hacer con las terrazas, patios, o azoteas de sus clientes. No sabían cómo solucionar estos espacios. No conocían las plantas, los productos ni los materiales más adecuados para decorar con éxito los espacios exteriores. Fue entonces cuando les apuntamos que, igual que ellos se definían como interioristas, nosotros éramos pues los exterioristas: los especialistas en diseñar espacios exteriores.
El diccionario de la Real Academia no contiene la entrada exteriorismo. Lógicamente si aparece la palabra interiorismo que se define como el “arte de acondicionar y decorar los espacios interiores de la arquitectura”. Entonces no creo que sea muy difícil hacerse una idea del significado de la palabra exteriorismo..
Pero para mi exteriorismo es algo más, es diseñar con todas las consecuencias un espacio exterior. Dar vida a grandes y pequeños espacios urbanos sin olvidar que forman parte de un todo que es la vivienda. Concebir estos espacios como una parte esencial de la misma, donde disfrutar muchas de las horas que las personas pasamos “dentro” de casa. Porque los conceptos dentro y fuera no son excluyentes sino que deben convivir en armonía. Por ello es esencial cuidarlos al mismo nivel. Exteriorismo es conseguir que sobre la terraza o el jardín gire la atención principal de un interior y viceversa, de forma que ambos se integren sin fracturas, en armonía.
Una vez dejado claro, espero, el concepto exteriorismo debería hablar de tendencias.
En un primer momento me plantee hablar de buenas y malas tendencias pero finalmente me pareció pretencioso decidir que es bueno y que es malo. Hablaré entonces de lo que está “in and out”, o de lo que “sube y baja” en exteriorismo. O más concretamente de lo que a mí me gustaría que subiera y bajara.
Lo primero que encuentro positivo, lógicamente, es la revalorización de nuestro trabajo. Ahora que el espacio vital es un verdadero lujo, los clientes, ya sean particulares, hoteles, arquitectos o decoradores, entienden que los espacios exteriores no se pueden conformar con albergar simplemente un comedor de verano y una zona de sombra. Entienden que deben convertirse en agradables zonas de reunión, de esparcimiento, de aislamiento e intimidad, en sugestivos espacios para la lectura, el ocio o la charla, los amigos y la familia. Que deben ser tan importantes como el salón principal o el dormitorio, y estar equipados con estos criterios, dentro de los condicionamientos que impone el aire libre. Que deben convertirse en verdaderos “chill out” cuya utilidad diaria está muy por encima de lo habitual. Y lógicamente esto es positivo para el exteriorismo.

Ligado a esto, o simplemente como consecuencia de ello, en pocos años el mercado ha dado un vuelco en cuanto a oferta de nuevos productos aptos para el uso en el exterior. Actualmente los más reconocidos diseñadores del mundo están colaborando con los mejores fabricantes para crear todo tipo de muebles y complementos específicos para los espacios exteriores. Nombres como Philippe Starck, Patricia Urquiola, Karim Rashid, Jean Marie Massaud, Javier Mariscal y muchos otros firman colecciones outdoor. La oferta en pocos años se ha multiplicado exponencialmente. Pero no solo limitándose a muebles como mesas, sillas, sillones y sofás hoy la oferta se complementa con lámparas, chimeneas, cocinas, neveras, cortinas, parasoles o incluso una vinoteca todo preparado para resistir la intemperie.
Pero existe también una parte negativa y que me preocupa especialmente ¿Que es pues lo que, según mi opinión, está out o debería ser una tendencia a la baja en exteriorismo? La desnaturalización de los espacios exteriores. La exigencia de reducir el mantenimiento y cuidado de los espacios exteriores, la tendencia a reproducir (copiar) en el exterior los espacios propiamente indoor, el gusto por lo “limpio” y “brillante” nos hacen perder parte de la esencia de lo que debería ser un espacio exterior. Precisamente decoramos los exteriores para poder gozar del sol, la sombra, el aire, los olores,…. No se puede o no se debe diseñar una terraza solo con una tarima de madera composite, muebles de ratán sintético, macetas de polietileno rotomoldeado, césped y plantas artificiales. Y aunque parezca una broma he tenido más de una demanda en esta dirección. No estoy en contra del uso de estos materiales, ni mucho menos. En la mayoría de los casos son un avance que nos permite mejorar en el diseño, pero hay que utilizarlos con criterio y mesura. No podemos, ni debemos renunciar a las plantas naturales. Podemos y debemos prescribir aquellas especies mas adecuadas, aquellas variedades autóctonas más resistentes pero nunca renunciar a ellas. Como decía nuestra admirada y tristemente ya desaparecida paisajista Beth Figueras “la vegetación es una herramienta de la modernidad; no es un relleno, sino un idioma muy elocuente.” La vegetación nos conecta con la naturaleza. En un entorno urbano de asfalto, cemento y cristal las plantas son imprescindibles. Pero las plantas crecen y hay que regarlas, podarlas cuidarlas, mimarlas… y las plantas renuevan las hojas y florecen,….. y “ensucian”. Los clientes nos piden plantas que no tengan que cuidarse, ni regarse, que no pierdan las hojas, casi mejor que no florezcan, ni tampoco es necesario que hagan buen olor (ya pondremos ambientadores….). Y esto gracias a Dios no existe. Lo mismo pasa con el uso de las maderas naturales, tropicales o autóctonas y las maderas composite o WPC. El uso de maderas tropicales no debería ser un problema cuando están certificadas. Las maderas WPC no son estrictamente sintéticas pues aproximadamente el 70% de su composición proviene de madera reciclada. El problema es otro. Todos los materiales pueden ser buenos cuando se utilizan correctamente. Si preferimos utilizar madera WPC en un jardín, o macetas de PE, debemos compensarlo con un correcto uso de la vegetación.
Hace muchos años, en la visita a una fábrica de muebles de jardín en Holanda, me fijé en que había algunas mesas de madera a sol y serena. Le pregunté al Director de la Empresa el por qué y me contestó que las estaban preparando para mandar al Reino Unido. No concebían poner una mesa que pareciera nueva en sus magníficos porches y jardines. Hasta que la madera no había adquirido la solera necesaria, perdido el brillo y tornado de un color gris ceniza no se limpiaban y se podían enviar al RU. Esto es cultura de jardín.

Hace pocos meses cambiamos las macetas de polietileno de una terraza por que estaban todas rayadas, descoloridas y sin el brillo original. No entendíamos que les había pasado. Más tarde supimos que la propietaria las hacia limpiar y fregar al menos una vez por semana. El jardín o la terraza no tienen que ser el cuarto de baño de una clínica. No hace falta que todo esté limpio e inmaculado, higienizado y desinfectado. Tampoco tienen que tener acabados de mueble de interior; pueden verse los tornillos, y las grietas naturales de la madera. Puede y debe haber hojas y flores en el suelo. Las plantas deben florecer y dar frutos. Y cambiar de estado según la estación. No debemos renunciar a las flores de temporada aunque tengamos que renovarlas cada cambio de estación.
Los espacios exteriores deben ser espacios dinámicos y sobre todo VIVOS.
Xavier Bisbe i vives
Ingeniero Agrícola Paisajista